|
Atendiendo a la petición del DEMADE, os contaré lo que representa el programa de apadrinamientos para mi, de forma personal, al margen de las estadísticas, gráficos, y la gestión, a veces un tanto frías.
Lo cierto es que a la hora de coordinar los apadrinamientos, como en cualquier proyecto, la carga, la sensibilidad, y la madurez, las va dando el Señor, no es algo innato a la persona. Es más bien algo que va naciendo dentro de nosotros, a través de la oración y la intercesión que día a día uno levanta a favor del trabajo que el Señor nos otorga como responsabilidad. En su bondad, Él siempre nos capacita para desarrollar la labor a la que nos ha llamado.
En noviembre 2000, fue cuando Dios dispuso para mi y mi familia la bendición de trabajar en este hermoso proyecto.
Os contaré como sucedió:
Todo comenzó en las primeras Jornadas Misioneras del DEMADE. Allí conocí los programas de Apadrinamientos que ya estaban funcionando desde hacía años. Mi pastor, J. Mª Romo, me animó para que en nuestra iglesia pudiéramos comenzar apadrinando niños, promoviéndolo desde nuestro Comité local de misiones en Zaragoza. Así comencé a encargarme de los apadrinamientos en mi iglesia, y en solo 3 meses, ya teníamos 15 niños apadrinados.
Mi propia familia, a través del programa M. Misericordia, apadrinamos a una niña: Baisake Mandol.
Enseguida el Señor nos dio sensibilidad para poder entender que nos había dado la responsabilidad y el cuidado de una vida, aunque fuese en la distancia.
La relación con nuestra ahijada, ya no solo se basaba en nuestra fidelidad económica mensual, sino que Dios nos llevó a ser fieles en oración por su vida y la de su familia.
Esto hizo que nuestro vínculo con esa niña fuese cada vez más fuerte, hasta tal punto que mis hijos hoy reconocen que tienen una hermana en la India. Le escriben, y cuando llegan sus cartas, no pierden detalle de lo que nos cuenta. Qué hermoso es ir viendo cómo crece, y compartir el amor que Dios derrama sobre nosotros cada día, a pesar de las distancias.
Paralelamente a lo que en mi familia ocurría, en la iglesia fue creciendo la demanda de niños para apadrinar, y yo me encargaba de coordinar todos los apadrinamientos de mi iglesia. La entonces directora de los apadrinamientos Maria José Mateos, entendió por aquel entonces, que era el momento de pasar el testigo, y que alguien la relevara de su responsabilidad a nivel nacional. Yo fui la persona propuesta por el DEMADE, y decidí aceptar.
Hoy ya, con algo de más de madurez y experiencia a mis espaldas, sigo apostando por lo que Dios apuesta: los programas de apadrinamiento del DEMADE, un hermoso proyecto para cuidar de los niños menos afortunados de este mundo, intentando hacer justicia con los mas necesitados, para que puedan tener las cosas más imprescindibles, las que nosotros tenemos: un plato de comida, techo donde cobijarse, ropa con que vestirse, educación, cuidados médicos, y una experiencia con Dios. Qué privilegio poner a funcionar la fe que actúa por al amor, negarnos a nosotros mismos, y adquirir así una conciencia que nos enseña a ayudar a nuestros semejantes.
No permita Dios, que aparte mis ojos de Jesús, y me conforme con dar a estos niños un amor deficiente, frío y distante. Que Dios me permita sentir como Él siente, y que pueda dar a estos pequeños lo que Él me da a mi y a mi familia.
J. Antonio Cristóbal Dirección de Apadrinamientos
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
|